El uso de portabebés en situaciones especiales: Selena y sus pies zambos

Posted by on Dic 26, 2008 in Situaciones especiales | 60 comments

El uso de portabebés en situaciones especiales: Selena y sus pies zambos

Durante el embarazo ya nos diagnosticaron que nuestra hija tendría probablemente pies zambos. Como nos explicaron que tenía un tratamiento sencillo y que no habría ningún problema, no le dimos mucha más importancia, y me concentré en dar a mi bebé una bienvenida lo más respetuosa posible. Preparamos nuestra particular “canastilla”: un fular y dos rebozos mexicanos, ya que ¡queríamos ser papás canguro desde el principio! Así, Selena nació en una mañana lluviosa y fría de noviembre, rodeada de calor. Enseguida vimos que sus piececitos estaban totalmente torcidos, metidos hacia adentro, abrazados. No me importó: sólo pensaba en el tacto suave de su piel en mis manos, en el calor que desprendía, en el brillo de sus mejillas. Pero al día siguiente, con un día de vida, comenzó nuestra andadura por el hospital y el tratamiento que debería permitirle un día entrar en el Athletic femenino.

La primera parte del tratamiento consistía en unos yesos: una escayola en cada pierna, de los dedos del pie hasta la ingle, que le ponían a la vez que le manipulaban los huesos de los pies. Después, le hicieron una tenotomía (corte del tendón de aquiles), a lo que siguieron otras 3 semanas de yesos. En total, se pasó algo menos de 3 meses enyesada.
escayolas
Cada semana había que volver al hospital a cambiar los yesos. Eso significaba cortar el yeso con una sierra especial (con cuidado para que el polvo de la escayola no le llegara a la cara), poner una nueva venda y volverla a enyesar mientras le presionaban ciertos huesos de los pies. También significaba tener que limpiarla de todo el yeso que quedaba pegado a su piel…  Durante  el cambio de escayolas, Selena no paraba de llorar y de gritar, y por mucho que nos decían que no le dolía, que gritan mucho pero que no hay dolor, yo sí la veía sufrir…

La llevábamos en brazos todo lo que podíamos y, al principio, usábamos siempre nuestros rebozos en posición cuna para salir. El día de cambio de escayolas nos lo pasábamos pegadas, sin movernos una de la otra, tranquilizando con paciencia sus lloros, sus sueños agitados, sus gritos repentinos. El poder llevarla en portabebés nos ayudaba a acompañarla siempre, a tranquilizarla al salir del hospital, a ayudarla a dormirse…

Aún así, no es tan sencillo llevar en portabebés a un bebé enyesado… Teníamos miedo de que se le clavaran los bordes de las escayolas y de apretarle demasiado las caderas. Pero al final, la posición con la que nos sentimos más a gusto fue con el canguro delante en un fular de sarga cruzada.

Tras las escayolas, vino la férula. Durante dos meses y medio Selena pasó las 24 horas del día con unas botitas sujetas por una barra para inmovilizar los pies y mantener las piernas y las caderas en la posición adecuada.
Esto hacía el uso de los portabebés aún más complicado, pero para nosotros igual de necesario. Aunque se fue acostumbrando rápido a llevar sus “zapatos especiales”, el principio fue particularmente costoso. Era muy difícil separarle las piernas lo suficiente para poder meter cada pie en su botita, apretando fuerte los cordones para que no se saliera el pie… Así que durante el comienzo de esta segunda etapa fue muy importante para nosotros poder llevarla encima continuamente y atender sus llamadas en seguida. Además, el fular nos resultaba imprescindible para dormirla.

ferula
Pero esta nueva situación nos traía cuestiones prácticas que resolver… No sólo con los portabebés: ¡meterla en la silla del coche, en una hamaca, en un carrito, etc. es igualmente complicado con una barra entre los pies! Pero volviendo a los portabebés… La posición cuna ya se volvió imposible. Así que con el fular la mejor opción siguió siendo llevarla en canguro delante. Algo después pudimos empezar a usar un mei tai y el pouch, aunque no de manera óptima pero sí nos ayudaban bastante en casos puntuales. La principal desventaja es que resulta difícil sentarse teniendo al bebé con la férula en un portabebés, porque tanto nosotros como la pequeña nos sentíamos incómodos así… Pero con un poco de paciencia pudimos acoplarnos perfectamente.

Unos meses después pudimos quitarle la férula durante el día y ponérsela solo para dormir… ¡Así descubrimos lo cómodo que puede resultar un portabebés en una buena posición “ranita”!

Ahora seguimos con las “botitas especiales”, pero la vida diaria es mucho más sencilla. Mirando atrás, concluimos que el uso de estos portabebés es muy útil siempre con bebés que tienen algún tratamiento que hacer, algún elemento estresante, para poder estar siempre pegados a sus padres y que sus necesidades de contacto, muy grandes, estén atendidas continuamente. Por otro lado, el llevar un aparato como esta férula hace más difícil el uso de los portabebés, al igual que miles otros detalles (hay que cortar los pies de los pijamas, no entran en cualquier sillita, la ropa tiene que poder abrirse fácilmente para los cambios de pañal, hay que tener cuidado continuamente con las rozaduras, dormir con el bebé se vuelve más difícil…), pero a la vez son tan versátiles que es siempre posible encontrar una solución que nos permita llevar al bebé.

En el mei tai

En el mei tai

Durmiendo en pouch

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